Muchos cultivadores repiten hoy la misma frase: «Con HPS crecía casi solo, con LED siempre hay algo que falla». No es nostalgia ni un mito de foro. Las lámparas LED modernas son más eficientes, consumen menos energía y son tecnológicamente superiores, pero dejan al descubierto cualquier debilidad del cultivo. Este artículo no culpa a los LED: explica por qué los hábitos antiguos dejan de funcionar con la iluminación moderna.
Antes realmente era más fácil
Las lámparas HPS (sodio de alta presión) tenían una gran ventaja que hoy suele olvidarse: calentaban el aire. El espacio se mantenía cálido, la humedad bajaba de forma natural y la planta transpiraba sin dificultad. La absorción de agua y nutrientes funcionaba incluso cuando los parámetros no eran perfectos.
Los LED cambiaron ese equilibrio. Aportan mucha luz útil, pero no elevan la temperatura del aire como lo hacía el HPS. Aquí empiezan los problemas cuando se intenta cultivar con LED “como antes”.
Los LED no calientan el aire, pero sí la hoja
Este es uno de los aspectos más mal entendidos del LED. El cultivador mira el termómetro: 23–24 °C, todo parece correcto. Sin embargo, la temperatura de la superficie de la hoja es más alta.
¿Por qué ocurre?
Los LED entregan energía luminosa de forma concentrada y direccional. La hoja absorbe fotones, la fotosíntesis se intensifica y la hoja se calienta localmente, mientras el aire alrededor permanece más frío y, a menudo, demasiado húmedo. Se produce un conflicto:
– la hoja quiere transpirar con fuerza,
– el aire no lo permite,
– la planta activa mecanismos de protección.
El resultado es conocido: efecto taco (bordes hacia arriba), forma de canoa, deformaciones y estrés lumínico/térmico, aunque “la temperatura del cuarto sea correcta”.
PPFD frente a “mucha luz”: por qué los lúmenes no bastan
Uno de los grandes errores de la era LED es evaluar las lámparas por lúmenes. Los lúmenes describen la luz percibida por el ojo humano, no la energía que realmente aprovecha la planta.
Las plantas responden al PPFD (Photosynthetic Photon Flux Density). En términos simples, el PPFD indica cuántos fotones útiles para la fotosíntesis llegan a un metro cuadrado de hojas por segundo.
Los LED pueden mostrar pocos lúmenes y aun así entregar un PPFD muy alto, capaz de sobrecargar la fotosíntesis si la temperatura, la humedad y el movimiento del aire no acompañan.
La luz HPS era más difusa y tolerante. Los LED crean un campo de fotones denso y uniforme. Es una ventaja real solo si el entorno está bien ajustado.
LED y Cal-Mag: mito, media verdad y realidad
Es común leer: «Los LED causan carencias de Cal-Mag». Conviene aclararlo.
Los LED no eliminan el calcio (Ca) ni el magnesio (Mg). Lo que hacen es aumentar la dependencia de una transpiración eficiente. El transporte de Ca y Mg depende en gran medida del flujo de agua dentro de la planta.
Cuando la transpiración se frena, Ca y Mg son los primeros en dejar de llegar donde se necesitan. Los síntomas parecen una carencia aunque el sustrato esté bien abonado. De ahí las correcciones constantes y la confusión.
A veces añadir Cal-Mag ayuda, pero solo cuando el problema aún es leve. Si la causa es ambiental y no nutricional, más producto no soluciona el origen.
Por qué los LED castigan antes los errores de VPD que el HPS
VPD significa Vapor Pressure Deficit (déficit de presión de vapor): la diferencia entre la humedad que el aire puede contener y la que ya contiene. En la práctica indica si la planta puede liberar agua a través de las hojas.
Con HPS, la alta temperatura del aire ocultaba muchos errores. Con LED, el margen es menor:
– humedad demasiado alta → la planta no bebe,
– aire demasiado frío → la transpiración se ralentiza,
– luz intensa sin movimiento de aire → sobrecalentamiento de la hoja.
Los LED hacen visibles estos problemas muy rápido, a menudo en 24–48 horas. Por eso parece que “los LED causan problemas”, cuando en realidad dejan de ocultarlos.
Por qué la misma receta de fertilización ya no funciona
Tras pasar de HPS a LED, muchos notan lo mismo: mismo fertilizante, misma dosis, mismo pH, resultados distintos.
La razón es sencilla: con LED cambian la velocidad de la fotosíntesis, el ritmo de absorción de agua y la sensibilidad al estrés. Dosis que eran seguras con HPS pueden resultar excesivas o mal ajustadas al consumo real.
No es que el fertilizante sea peor; es que el entorno ya no compensa los errores.
Los LED no son el problema
Las lámparas modernas no dañan las plantas por sí solas. Revelan debilidades en el riego, la humedad, el flujo de aire y la dependencia de rutinas antiguas.
Quien entiende cómo interactúan los LED con la fisiología vegetal gana control. Quien intenta cultivar “como antes” suele perseguir síntomas.
Conclusión
Los sistemas antiguos toleraban más imprecisiones. Los LED requieren un control ambiental más preciso y decisiones más conscientes.
Cuando se asume esta diferencia y se ajusta el cultivo, los resultados se vuelven estables y predecibles.







